miércoles, 28 de enero de 2009

LA MALA EDUCACIÓN


Recuerdo la película de Almodóvar que, con el mismo título que este artículo, nos ofrecía una visión concreta, cruda y veraz a un tiempo, del sistema educativo de los últimos años del franquismo. Eran los tiempos del nacional-catolicismo que, implantado por Ibáñez Martín, imponían el autoritarismo y una disciplina ciega que se resumía en la frase “la letra con sangre entra”.

Por ello, frente a este triste pasado, podemos sentirnos afortunados de que la España actual haya superado aquellos tiempos, así como de haber dejado un legado para nuestros hijos un sistema educativo moderno que se basa en temas de la importancia de la educación en valores, de fomentar las ideas de solidaridad, de trabajo en grupo, de espíritu crítico, de convivencia, etc.

Un sistema educativo consensuado con todos los grupos políticos y aprobado por todos menos por el PP. Un sistema educativo en el que todos los alumnos son los protagonistas y en el que se ayuda más al que más lo necesita.
Un sistema educativo vivo, dinámico y moderno, sin sectarismos, en el que todos tienen cabida y en el que todos tienen derecho a la educación.

El PP continúa, todavía, anclado en el más rancio sistema de “enseñar”, que no de educar, que quiere clases con alumnos discriminados, cuando no segregados: los “listos” a un lado y los “tontos” al otro.

El PP quiere priorizar una elite, la misma que defiende sus intereses políticos, económicos y sociales. Ya lo decía D. Manuel Fraga cuando le preguntaban por qué los que ocupaban altos cargos eran de muy pocas familias, a lo cual D. Manuel contestaba sin ningún tipo de sonrojo: “es por que son de las mejores familias de Galicia y estos si que supieron dar buena educación a sus hijos”.

Hoy el Tribunal Supremo también considera que el contenido de “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” no lesiona los derechos de los padres.

Hay que recordar el ridículo que ha hecho el PP en los últimos años con la bandera en contra de la Educación para la Ciudadanía, cómo la parte más reaccionaria del Clero se ha enervado o cómo autonomías como Madrid o Valencia han sembrado el desconcierto y la discordia en vez de enseñar al alumno o alumna a vivir en convivencia. Lo mismo que pudimos ver en la película de Almodóvar

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