lunes, 1 de noviembre de 2010

No me lo quiero creer


Cuando yo hago campaña, no la hago jamás para la gente inteligente. Gente inteligente sólo hay entre el 5% y el 6%. Así que yo hago campaña para los gilipollas y recojo votos en masa. Yo siempre he sido elegido por una mayoría de gilipollas".

Sólo había hasta ahora un político en Francia capaz de decir algo así en público y obtener un respaldo político abrumador: el inefable Georges Frêche. Dos años después de haber pronunciado tales insultos, el presidente de la región Languedoc-Rosellón fue reelegido con el 54% de los votos.

La tarde del pasado domingo, la voz cazallosa del viejo león del socialismo del Sur se extinguió para siempre, enmudecida por un ataque al corazón. Grueso y cojo, fruto de una reciente operación en la cadera, Frêche ofrecía últimamente un aspecto cansado, lo que no le impedía seguir haciendo gala de su vasta cultura, puliendo su inteligente y mordaz ironía, dando rienda suelta a su megalomanía y autoritarismo, a su gusto enfermizo por la provocación grosera, encantado de ser el más rebelde.
Georges Frêche ha consumido una larga y exitosa carrera política desde que en 1973 fuera elegido por primera vez diputado. Su prestigio se lo labró básicamente entre 1977 y 2004, cuando como alcalde de Montpellier la convirtió en un ejemplo de ciudad moderna, pujante y ecológica. Una tarea que desde el 2004 ha intentado trasladar, con más éxito que fracaso, a toda la región.
Hombre sentimentalmente de izquierda, su última provocación fue inaugurar, este verano, un parque de estatuas de grandes figuras del siglo XX entre las que incluyó a Lenin. "Con estas estatuas he dado la vuelta a Francia, ya veréis ahora pondré las de Mao y Stalin y daré la vuelta al mundo", dijo retador.
Aquí en España, algún candidato intenta hacer lo mismo, hace campaña y actuaciones como si los ciudadanos fuéramos tontos, pero sin chispa ni ironía ni inteligencia. Autoritario y amenazante no le duele decir con fuerza que “tengo mucho poder” y que “yo sí que mando”.


Las formas del pasado, las añoranzas de las camisas azules y las ansias de endiosarse les revelan a algunos. ¡Lo que hubieran hecho en otros tiempos!

Pero ahora, además de ejecutar proyectos encomiables, hay que realizarlos con conductas y formas respetuosas y democráticas.

Aquí no "manda" nadie. Aquí tenemos Gobiernos Democráticos.

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