Julián Gil Cerdán, alcañizano, fue alcalde presidente del Ayuntamiento de Alcañiz por tres veces. La primera desde el 17 de octubre de 1931 al 29 de octubre de 1934, la segunda desde el 20 de febrero de 1936 al 31 de marzo del 1936 y por último ocupó la alcaldía en la propia contienda desde el 19 de octubre del 37 hasta, supuestamente, el 28 de abril del 38.
Julián Gil tenía dos hermanos, José y Mauricio que eran también del grupo de Izquierda Republicana, partido que unía una parte importante de la izquierda alcañizana y que tenía su Sede Social en el Centro Republicano que llenaba de actividades las tardes de los domingos. Julián se dedicaba al almacenaje de aceite y a su posterior venta al exterior.
Aunque de Julián Gil pocas noticias y pocos reconocimientos se tienen, me atrevo a contar una que me resulta al día de hoy muy curiosa.
Julián Gil fue el que llevó adelante la operación urbanística más importante en Alcañiz, en su época, como fue la construcción de la Carretera Nueva, luego llamada Avenida José Antonio y ahora Avenida Aragón.
Julián Gil tenía dos hermanos, José y Mauricio que eran también del grupo de Izquierda Republicana, partido que unía una parte importante de la izquierda alcañizana y que tenía su Sede Social en el Centro Republicano que llenaba de actividades las tardes de los domingos. Julián se dedicaba al almacenaje de aceite y a su posterior venta al exterior.
Aunque de Julián Gil pocas noticias y pocos reconocimientos se tienen, me atrevo a contar una que me resulta al día de hoy muy curiosa.
Julián Gil fue el que llevó adelante la operación urbanística más importante en Alcañiz, en su época, como fue la construcción de la Carretera Nueva, luego llamada Avenida José Antonio y ahora Avenida Aragón.

Tuvo, Julián, todos los problemas del mundo, se buscó muchísimos enemigos solamente por el hecho de querer que esa Avenida fuera completamente recta. Ortelanos, campesinos y en su conjunto los propietarios afectados, no cejaron y pusieron todas las trabas posibles para que la obra no se realizara tal como estaba diseñada por Julián Gil.
Propuestas de nuevos trazados con el fin de que no tocaran sus fincas eran las solicitudes que Julián Gil recibía en su despacho habitualmente. Pero Julián Gil en sus trece no cedió y gracias a su perseverancia podemos, aun hoy, disfrutar de una avenida completamente recta de unos 1050 metros.
Claro, ya en los años 50 y 60 todos los alcañizanos tenían claro que el crecimiento de Alcañiz pasaba por una paralela a la Avenida Aragón pero eso fue imposible ya que los mandatarios de esta ciudad sí que cedieron a los intereses particulares, y así se creó este "urbanismo inabordable" que tenemos en el Vivero.
Sería muy sencillo comparar aquella obra con otras actuales, pero no es el motivo de este artículo, aun que sí hacer una pequeña reflexión: ¿podría Alcañiz haber tenido un circuito como el Circuito Guadalope sin haber podido contar con una recta como la de la Avenida Aragón?
Claro, ya en los años 50 y 60 todos los alcañizanos tenían claro que el crecimiento de Alcañiz pasaba por una paralela a la Avenida Aragón pero eso fue imposible ya que los mandatarios de esta ciudad sí que cedieron a los intereses particulares, y así se creó este "urbanismo inabordable" que tenemos en el Vivero.
Sería muy sencillo comparar aquella obra con otras actuales, pero no es el motivo de este artículo, aun que sí hacer una pequeña reflexión: ¿podría Alcañiz haber tenido un circuito como el Circuito Guadalope sin haber podido contar con una recta como la de la Avenida Aragón?
Aun hoy, la Avenida de Aragón es motivo de orgullo y de modernidad de nuestra ciudad, y se lo debemos a un alcalde que no tiene ningún reconocimiento de su ciudad, Julián Gil.









Cuenta Demetrio Galán Bergua, que: "En cierta ocasión, en una sala de fiestas de Barcelona, José Oto cantaba maravillosamente sus célebres estilos de jota que provocaban repetidas ovaciones. En una de las primeras filas estaba un individudo de tipo achulado y gesto de matón. Y cuando Oto llevaba cantadas media docena de tonadas, al terminar la última, el necio, cretino y salvaje espectador, lanzó al escenario una moneda de cobre que cayó a los pies de nuestro jotero. (...) Oto sí que acusó la gamberrada y, con mucha tranquilidad, se agachó, recogió la moneda, la levantó a la vista del auditorio, la arrojó con fuerza hacia los bastidores y, mirando fijamente al imbécil, exclamó dirigiéndose a la rondalla: "Allá va mi despedida..." Y con los ojos echando fuego (...) espetó la famosa anterior copla.






Este año el tema de "las civilizaciones" fué el que le dió motivo.
Y es que desde al menos unos años, el misterio está por resolver.
Todos ponen su unión, su creatividad y sus aciertos, entre todos lo hacen.
Pero esa efímera alfombra, sólo dudará hasta que por ella pase la procesión.
Y es que "