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viernes, 10 de abril de 2009

El espantamuertos


En los albores de la primavera, muchos siglos atrás, se tenía la creencia que durante el invierno los muertos y los malos espíritus dormían y estaban sin hacer maldades. Es por lo que en la zona mediterránea, había que espantar a los muertos, lo que se llamaba “el espantamuertos” que consistía en asustar a los muertos y a los espíritus, presumiblemente malignos, para que dejaran en paz a los vivos y a sus pueblos y ciudades.

En el Bajo Aragón la forma de espantar a los “muertos” era haciendo un ruido atronador con matracas, tambores y carracas.
Se dice que la forma de espantarlos en la zona levantina era haciendo grandes hogueras.
El verdadero origen del tambor es difícil de encontrar y por ello me permito la licencia de contar este origen que me parece precioso. Y puede ser el motivo que más de 2000 personas salgan a la calle a hacer ruido.

Hablar de Alcañiz y no hablar de los Tambores sería tanto como pasar por alto el acontecimiento más singular y más arraigadamente entrañado en el espíritu de sus gentes, que pasan casi dos días al año batiendo con los palillos el tambor . La tradición, religiosa de los Tambores, se inició el día de Viernes Santo del año 1678, en que apareció por primera vez la procesión de El Pregón por iniciativa de un cuaresmero de la iglesia colegial de Santa María la Mayor, llamado fray Mateo Pestel.
Abrían el desfile tres penitentes encapuchados que llevaban respectivamente una trompeta, dos campanas y dos timbales, de modo parecido a como se pregonaban las ejecuciones capitales, y la disposición de la comitiva no varió hasta que, años después, se sumaron a los tres iniciales penitentes seis nazarenos que agitaban ruidosamente unas dobleras.

Los asistentes comenzaron a salir luego, por propia iniciativa, con carracas y matracas y, con los años, comenzaron a incorporarse tímidamente los primeros tambores, que terminaron por imponerse andando el tiempo. La tradición se extendió por otros pueblos del Bajo Aragón y ha tenido tanta fortuna últimamente que está arraigando en Teruel e incluso en Zaragoza. ¿Por qué se toca el tambor, unos dirán que por fe., otros por tradición y otros por un elemento de identidad local. El tambor nos une.

Yo toco el tambor, por que me gusta. Y además por que me gusta "espantar a los muertos y a los malos espíritus".

viernes, 6 de febrero de 2009

APASIONANTE






Alcañiz es una ciudad apasionante, una ciudad en la que se puede vivir muy bien, una ciudad a la que sólo le falta dar el impulso suficiente para competir con otra cualquiera en calidad de vida.
Es verdad, Alcañiz tiene unos capitales importantísimos por explotar y cultivar. A un paso de Zaragoza, a dos horas y media de Barcelona, a una hora y media del mar. Cerca de los Pirineos, próximo a las estepas turolenses y al lado del Ebro. Una localización envidiable si tuviera accesos dignos por carretera y tren.

Está situada en una zona en la que se puede cultivar casi cualquier clase de cultivo, arbolado y hortaliza. Tiene agua suficiente y segura, con un clima que bien se puede soportar. Necesita adecuar los sistemas de riegos, hacer un plan de mejoras de accesos y fomentar la agricultura y ganadería más sostenibles.

Tenemos materias primas cercanas que se siguen exportando fuera de nuestro territorio: arcillas, arenas, piedras; a las que no sabemos sacarles ni el más mínimo partido. No somos capaces de elaborar casi nada con esta riqueza y dejamos que se las lleven a tierras lejanas donde producen importantes beneficios y generan puestos de trabajo.

Pero además disponemos de historia, cultura y tradición. Hablemos de los pasadizos, del Castillo Calatravo, de la Torre Gótica, de la espléndida Lonja y del Ayuntamiento, de la Iglesia del Carmen, del Molino Mayor, o del reciente Atrium. Tenemos una Biblioteca de ensueño, unos palacios dignísimos y un Teatro de lujo. Desde pinturas rupestres a poblados íberos. Suficientes atractivos como para tener una demanda de visitantes que hasta ahora es insuficiente por no saber rentabilizarla eficazmente. No nos olvidemos del casco antiguo que estamos intentando que no se caiga y que, bien recuperado, podría ser unos de los principales atractivos de nuestra ciudad.

Cuatro denominaciones de origen producimos: jamón, ternasco, aceite y melocotón, sabemos hacer productos de calidad como aceitunas de aderezo o frutos secos, aunque deberemos saber comercializarlos mejor.

Tenemos, además, otros dos motivos para sentir una pasión intensa por Alcañiz: el tambor y el motor.

El tambor, un sentimiento, una pasión que aún no hemos sabido llevar al pedestal y altura que merece. Y el motor, que se presenta como la posibilidad del futuro, del trabajo, del turismo, de la investigación, el ocio y la cultura en ese proyecto de todos que ya es una realidad con la Ciudad del Motor MOTORLAND.

Tenemos servicios importantes y adecuados a nuestros tiempos: un buen hospital y uno nuevo en ciernes, nuevo centro de salud, un instituto dignísimo, escuela de idiomas, conservatorio profesional de música, juzgados, delegación de hacienda, oficina delegada de la DGA. Y deberemos tener pronto un nuevo Conservatorio Profesional de Música, estudios universitarios, alojamientos y albergues para estudiantes y suficientes plazas de residencia para personas mayores, centro de día, viviendas tuteladas y otros servicios sociales propios de ciudades como la nuestra.

Disfrutamos de un entorno, dentro del extenso término municipal, con muchas posibilidades: estanca, saladas, Río Guadalope, vales de olivos, de almendros, extensiones de cereales, de matorrales, cabezos y piedras de estilo singular, que debemos de cuidar y proteger y no acordarnos de ellos sólo en muy determinadas ocasiones.

Sin tener un espacio habilitado para ello, tenemos un tejido musical de primer orden con dos bandas de música, tres corales, dos grupos de jota y numerosos grupos musicales juveniles.
Un tejido asociativo, cultural, social y deportivo con grandes posibilidades, en unas instalaciones abarrotadas que en muchos casos deberían estar más limpias y cuidadas.


Pero el principal capital que tenemos los alcañizanos es el capital humano porque somos personas capaces de unirnos y trabajar sin descanso en grandes proyectos comunes si el objetivo es compartido e ilusionante. Somos emprendedores, tenaces, activos, negociantes y trabajadores.

Con orgullo defendemos lo nuestro, aunque a veces querríamos que lo nuestro fuera mejor. Y es que tenemos un valor añadido los alcañizanos que a veces no mostramos con suficiente claridad porque sentimos que nos falta el apoyo de la realidad más inmediata, de la ilusión y del liderazgo de nuestros representantes más directos.